jueves, 9 de diciembre de 2010

Aferrarse hace mal.

Todas las personas necesitan aferrarse a algo. Todos tenemos algo a lo cual estamos aferrados, como por ejemplo, a una persona, a una religión, a un partido político, a algún objeto, a un cuadro de futbol, a algún vicio, a algún personaje famoso, o a algún modelo a seguir.
Pero, ¿Por qué nos aferramos a algo?
No existe una persona en el mundo que sea tan vacía como para no estar aferrado a nada. Aunque muchos seamos fríos y no queramos admitir muchas veces las cosas, siempre hay algo que es nuestra pasión, nuestro motivo, nuestro objetivo o nuestra meta. Debemos defender a eso a lo que estamos aferrados, pero también debemos saber dejarlo porque cuando uno se aferra mucho a algo, tanto que “eso” que admirábamos o queríamos alcanzar se convierte en lo único de nuestras vidas, ya pasa a ser una obsesión. Y créanme no hay nada más horrible, estúpido o absurdo que una obsesión.